¿Qué es la antropología organizacional?

Hace algunas semanas, escribí un texto [1] sobre el pasado, el presente y, lo que considero podría ser, el futuro de la antropología de la empresa. Y aunque fue un ensayo más bien sintético, en el que se dio por sentado en qué consistía dicha especialidad, considero que es necesario dedicarle un espacio propio a la elaboración de una justa definición de qué es o qué podría llegar a ser la antropología organizacional.

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*

El surgimiento de la antropología organizacional.

A finales del siglo XIX e inicios del XX, la antropología estuvo dirigida al estudio de las llamadas sociedades primitivas. De acuerdo con Ruth Benedict, dicho trascendental interés nos ayudó a “diferenciar entre las respuestas que son específicas de los tipos culturales locales y esas otras que son generales en la humanidad” (1971: 25). De este modo, las primeras teorías antropológicas edificadas (tales como el culturalismo norteamericano o el funcionalismo británico) tenían por finalidad estudiar el comportamiento de las sociedades “salvajes” así como de sus exóticos integrantes. Fueron estas mismas teorías, además, las que fundaron las bases teóricas de la antropología como disciplina científica, al dotarla de un método (comparativismo), objetos (cultura, comportamiento, pensamiento, individuo, sociedad) y técnicas (observación participante y etnografía).

Cuando los antropólogos no estaban ocupados conjeturando acerca de cómo las sociedades simples evolucionaron en sociedades complejas, eran usualmente requeridos por distintas organizaciones para cumplir un polémico objetivo: el control de tierras. Imperios coloniales -como el británico- o empresas de grandes capitales -como la British East India Company- no dudaron en contratar antropólogos para realizar investigaciones de acuerdo a sus fines e intereses. Importantes antropólogos como Franz Boas, Bronislaw Malinowski, Alfred Radcliffe-Brown, Edward Evans-Pritchard, Ruth Benedict, Margaret Mead, Helen Schwartzman en algún momento realizaron investigaciones (que actualmente constituyen material de lectura para la carrera) directamente encomendadas por instituciones gubernamentales o financieras, incluso previo a la Segunda guerra mundial. Uno aquí podría afirmar, con total tranquilidad, que la antropología organizacional comenzó junto con la misma antropología pues hay evidencia de sobra para tal pretensión.

Sin embargo, la historia oficial indica que la antropología organizacional surgió a inicios del siglo XX, tras las investigaciones del psicólogo industrial George Elton Mayo (de la Escuela de Negocios de Harvard) en el proyecto Western Electric de 1927 (también llamado el experimento de Hawthorne), donde, además, participaron los antropólogos Bronislaw Malinowski, Alfred Radcliffe-Brown y W. Lloyd Warner, mediante la aplicación de técnicas como la etnografía y la observación participante. A este respecto, realmente no existe mucho trecho como para sostener que psicología organizacional y antropología organizacional son disciplinas radicalmente diferentes. Aunque, valga afirmar: si hubo algo que le otorgó el carácter sistémico y organizacional al estudio de Mayo fue la presencia antropológica, ya que gracias a esta se logró descubrir que existía una fuerte correlación entre sistema social y comportamiento individual. De acuerdo con F. Richardson:

La contribución principal de su extenso e intenso estudio (1939) fue la provisión de una base sustancial y experimental que permitiera afirmar que la productividad y la satisfacción de los trabajadores estaba ampliamente determinada por sus relaciones humanas. Entre las principales contribuciones antropológicas estaban el método de participación, la observación objetiva y el reconocimiento de la importancia de los grupos sociales como determinantes del comportamiento humano. (1955: 398) [Traducción mía]

Lo que vino después -con el perdón si he de sonar ligero- es una profundización de este precepto ecológico fundamental pues, a partir de allí, la antropología organizacional se estableció como una reconocida especialidad (al menos en Norteamérica). En la actualidad podemos encontrar fuerte presencia antropológica en áreas como marketing, publicidad, diseño industrial, comportamiento del consumidor, experiencia del usuario, relaciones comunitarias o negocios internacionales. Existen revistas científicas como Human organizationPracticing anthropologyAnthropology of work review, Journal of business anthropology o Journal of organizational ethnography. Técnicas como la etnografía y la observación participante son ampliamente utilizadas para estudiar organizaciones empresariales. Nombres como los de Marietta Baba, Melissa Cefkin, Andrea Simon, D. Douglas Caulkins, Ann T. Jordan, Genevieve Bell, Bill Beeman, Tomoko Hamada o Michael Henderson constituyen referentes importantes. Actualmente, uno puede hallar, en medios importantes como Harvard Business Review o The Huffington Post, artículos en los cuales se destaca la importancia de la antropología en los negocios, evidenciando un auge que revela números interesantes. Según D. Douglas Caulkins y Ann T. Jordan:

En los años 90´s, Xerox empleó 9 doctores en antropología. Otras corporaciones que asimismo contrataron antropólogos fueron General Motors, Kodak, Motorola y Hewlett-Packard. En los 90´s, la etnografía se convirtió en la técnica de investigación de moda para consultoras y firmas especializadas tales como Scient, Viant, Razorfish y Sapient, que empleaban antropólogos para dirigir investigación previa al diseño de nuevos productos. Sapient empleó 23 doctores en antropología así como gente vinculada a dicha disciplina más un adicional de 100 personas que en sus oficinas alrededor del mundo empleaban técnicas etnográficas. En los 2000´s, Intel empleó 15 doctores en antropología mientras que Microsoft empleó 7 (2013: 7) [Traducción mía]

Según Jakob Krause-Jensen y Susan Wright:

Un creciente número de antropólogos trabaja en organizaciones fuera de la academia. Algunas veces son empleados como consultores del tipo “expertos culturales” capaces de captar lo intangible del funcionamiento de una organización. Actualmente, muchos antropólogos son también empleados en organizaciones como “expertos culturales” en otro sentido. A través del método etnográfico se espera que sean capaces de develar la cultura del consumidor: identificar las aspiraciones sociales del consumidor así como los contextos en los cuales ellos usan determinados productos. (2015: 350) [Traducción mía]

Esta influencia, sin embargo, no solo radicaba en su utilidad aplicativa sino también en su utilidad teorética pues la influencia ejercida por la antropología en el campo llamado comportamiento organizacional es, por lo menos, destacable. Según Nancy Morey y Robert Morey:

El comportamiento organizacional (OB, por sus siglas en inglés) es un campo joven pues su forma actual surge apenas en los años 60´s. Sorpresivamente, fue fundada por los antropólogos que iniciaron la Society for Applied Anthropology y quienes, además, lanzaron su primera revista (ahora llamada Human Organization). La originaria Journal of Applied Anthropology fue, durante muchos años, la única revista expresamente dedicada al estudio de las organizaciones. Nombres tan importantes para el comportamiento organizacional son asimismo conocidos en antropología: Eliot Chapple, Conrad Arensberg, F. L. W. Richardson, Leonard Sayles, W. Lloyd Warner, Burleigh Gardner, William Foote Whyte, Melville Dalton y Donald Roy. Fue justamente Whyte quien escribió el primer libro sobre comportamiento organizacional. (1994: 18) [Traducción mía]

Según S. P. Bate:

Luego de tantos años de separación, la idea de una posible reconciliación entre comportamiento organizacional (OB) y antropología está despertando considerable interés. En los Estados Unidos, cursos sobre antropología organizacional han surgido prácticamente en todos lados y el número de estudios etnográficos en organizaciones ha “creciendo dramáticamente” en años recientes (cf. Editors’ introduction to Schwartzman, 1993). Hubo, incluso, numerosos avistamientos sin confirmar de antropólogos (aparentemente felices) merodeando las organizaciones e incluso apareciendo, de tiempo en tiempo, para impulsar la “consultoría en cultura organizacional” (Kogod, 1994) y las siempre variadas “aproximaciones antropológicas a la gestión organizacional” (Jordan, 1994). La antropología de los negocios, parece, que ha encontrado su firme residencia en la América corporativa. (1997: 1148-1149) [Traducción mía]

Sin embargo, a pesar de todo, a muchos antropólogos nos sigue pareciendo como si aquello no fuera realmente apreciado en su real dimensión. Según Tomoko Hamada:

Mientras mucha gente es capaz de decir algo acerca de lo que un contador podría hacer por un negocio, pocos no-antropólogos pueden argumentar sobre el expertise que un antropólogo podría traerle al mundo de los negocios. El valor de la business anthropology carece ampliamente de reconocimiento y publicidad, a pesar del hecho de que la antropología industrial ha estudiado el mundo de los negocios por más de 60 años, desde su origen en los años 1930s (1999: 2) [Traducción mía]

Según Jordi Roca, en mención a nuestro círculo académico latinoamericano:

Yo mismo he podido comprobar en numerosas ocasiones en los últimos años las expresiones de sorpresa, asombro e incluso de hilaridad que el uso de tales etiquetas [antropología de la empresa] provoca – además por este orden y de forma correspondiente – no sólo entre la población en general sino también frecuentemente entre los miembros de la comunidad científica e incluso en el seno de la misma antropología. (2001: 69)

Como vemos, a pesar de contar con más de un siglo de existencia y fuerte presencia en los Estados Unidos, la antropología organizacional todavía goza de una ingrata popularidad. Al día de hoy, a dicha especialidad le acompañan otras que le son semejantes y hasta, podríamos decir, que hasta le han quitado protagonismo. ¿Serán estas nuevas antropologías, acaso, la misma cosa?

Antropología empresarial, antropología industrial, antropología corporativa, business anthropology… ¿Son la misma cosa?

Mediante un breve a la literatura existente uno puede hallar que generalmente todos los rótulos existentes para hablar de antropología organizacional (tales como antropología de la empresa o empresarial, antropología industrial o antropología corporativa) son mezclados y hasta tratados como sinónimos.

Para Jordi Roca:

[L]a antropología industrial o de la empresa […] debería definirse primordialmente como aquella rama especializada de la disciplina que establece como unidad de observación privilegiada el entorno industrial-empresarial… (2001: 74)

Para D. Douglas Caulkins y Ann T. Jordan:

La antropología organizacional estudia los procesos de trabajo en las organizaciones así como las complejas relaciones surgidas en ellas y cómo tales impactan y son impactadas por problemáticas mercantiles, sociales y globales. Emplea todos los métodos estándar de nuestra identidad antropológica y los adapta a entornos organizacionales, incluyendo el estudio detallado de reuniones, la semiótica de las definiciones, y el análisis de relaciones sociales mediante recopilación automatizada de datos basados en tecnologías de la información. Esta especialidad trabaja con la teoría antropológica tradicional, como la teoría cultural y group/grid analysis, ecología cultural, teoría de sistemas y teoría de la complejidad, para redefinirlos hacia nuevos usos organizacionales. Desarrolla nuevos insights teóricos como el utilización de la nueva teoría institucional de Baba o la neurociencia según Hamada. (2013: 19) [Traducción mía]

Sin embargo, si bien todos aquellos rótulos hacen mención a un entorno común (el mundo de los negocios), queda claro que organización, empresa, industria y corporación no son la misma cosa, por lo que su utilización indiscriminada debería, al menos, ser reconsiderada.

El término antropología de la empresa o empresarial es probablemente el más conocido. Puede llamarse antropología de la empresa a aquella especialidad que tiene por fin desarrollarse únicamente en entornos empresariales. Si eres antropólogo y trabajas en responsabilidad social, marketing, publicidad, comunicación corporativa o eres asesor de negocios ten la plena seguridad de que eres antropólogo empresarial. Las únicas condiciones para ser reconocido como tal es que seas antropólogo y trabajes en/para empresas.

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El rótulo antropología industrial, en cambio, no hace referencia obligada a empresas sino, más bien, a industrias. De este modo, un antropólogo industrial debería ser aquel antropólogo que se especialice en industrias, las cuales, como es consabido, tienen problemas específicos siendo, la gestión por procesos, quizás el más fundamental. Queda claro que, en determinado momento, las necesidades de una industria pueden llegar a ser muy diferentes a las de una empresa. Si bien toda industria es, en cierta forma, una empresa, no todas las empresas son propiamente industrias.

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La antropología corporativa ha de seguir el mismo trazo. Así como el antropólogo de la empresa se desarrolla en empresas y el antropólogo industrial hace lo suyo en industrias, el antropólogo corporativo se especializa en entornos corporativos. A este respecto debe quedar claro que empresa, industria y corporación no son la misma cosa.

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El término business anthropology es la traducción al inglés para “antropología de los negocios”, rótulo con el que la especialidad se ha popularizado en el mundo angloparlante. Este hace referencia a todo entorno de negocios, por lo que se trata de un término más bien general que puede englobar a las antropologías empresarial, industrial y corporativa sin mayor problema.

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Si la especialidad lleva casi un siglo expandiéndose en determinadas regiones ¿por qué deberíamos distinguir los nombres? Por la sencilla razón de que existen diferencias fundamentales (en diseño, estructura, normativa, cuestiones legales, cultura, procesos, cadena de producción, metodologías, intereses, redes, objetivos, etc.) entre empresa, industria y corporación. Aunque es cierto que todas aspiran a la obtención de rentabilidad, una empresa puede ofrecer tanto bienes como servicios, una industria hará lo suyo mediante bienes manufacturados a gran escala, y una corporación bien puede hacer ambas o ninguna ya que muchas de ellas sobreviven por pura inversión de capitales. En otros términos, una pequeña empresa destinada a la venta de prendas de vestir no es enteramente equiparable con una industria metalúrgica ni con una corporación financiera como podría ser un banco. Debemos, entonces, por este respecto, hacer un uso adecuado de los términos antropología empresarial, antropología industrial y antropología corporativa, y abandonar su empleo sinonímico indiscriminado, no con el fin de compartimentalizar y aislar el conocimiento sino con el propósito de sistematizarlo, especializarlo y profundizarlo.

El vínculo entre antropología organizacional y antropología social.

La antropología organizacional, en cambio, se revela más compleja que sus vertientes. Tal como su nombre lo indica, la antropología organizacional tiene que ver con las organizaciones humanas, sin embargo, a muchos les puede parecer que dicho rótulo es redundante pues todos los objetos de la antropología (comunidades indígenas, ciudades, pandillas, bandas criminales, clubes, escuelas, universidades, naciones, movimientos sociales, industrias, grupos étnicos e incluso sociedades animales*) son básicamente organizaciones. Es más, investigaciones representativas de la teoría antropológica clásica empleaban conceptos como los de estructura, sistema, interacción, función, orden, norma, rol, institución, jerarquía o parentesco que prácticamente le son comunes tanto a sociedades tribales como a empresas transnacionales. Esto podría generar la sospecha de que antropología social y antropología organizacional son casi la misma cosa, sin embargo, la cuestión no es tan simple.

Según la antropóloga organizacional, Marietta Baba, si bien sociedad y organización comparten algunos principios, estos difieren muchísimo en relación a su dinamicidad, y razón no le falta. Si alguien aun tiene problemas para distinguir entre una sociedad y una organización es porque, probablemente, no sepa cosa alguna sobre ninguna.

Tal y como las sociedades, las organizaciones son sistemas sociales más o menos coherentes y unificados que exhiben estructuras sociales y normas, socializan a sus miembros y disponen sanciones.
Sin embargo, como toda analogía, el constructo “sociedades escritas en pequeño” es todo menos perfecto. Las organizaciones son, después de todo, no sociedades sino subsistemas pertenecientes a un orden social más amplio. Las diferencias entre organizaciones y sociedades no son triviales sino relevantes para una discusión sobre la cultura organizacional. (Baba, 1989: 7) [Traducción mía]

Una buena forma de comprender la naturaleza disciplinar de la antropología organizacional respecto sus variantes, es mediante la fórmula: antropología organizacional es a antropología empresarial como antropología social es a antropología cultural. Recordemos que mientras la antropología cultural se encarga de las particularidades del fenómeno humano, la antropología social se interesa por sus principios fundamentales, tal y como lo argumentó Edmund Leach a mediados del siglo XX. Del mismo modo, así como la antropología empresarial se encarga de las particularidades del fenómeno empresarial, la antropología organizacional se interesa por sus principios fundamentales. Así, la antropología organizacional recupera el espíritu de la antropología social pues aplica la teoría organizacional a grupos humanos de cualquier tipo y naturaleza.

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Por ende, es justo sostener que no todo antropólogo que trabaje en empresas puede ser automáticamente denominado antropólogo organizacional. Varios de los antropólogos que trabajan en marketing, publicidad o comportamiento del consumidor no tienen por finalidad comprender a los miembros de la organización sino a consumidores y/o clientes, perdiéndose, por esta razón, todo un conjunto de temas relacionados a la dinámica misma de las empresas. Muchos de los antropólogos autodenominados empresariales, industriales o corporativos apenas si manejan teoría organizacional (y ni hablar de teoría social y antropológica), mientras que es posible que muchos antropólogos organizacionales no sean expertos en modelos de gestión. Es más, uno puede dedicarse tranquilamente a la antropología organizacional sin haber pisado jamás una empresa ya que, mientras la antropología empresarial agota su objeto en lo que su mismo nombre refiere, la antropología organizacional explora un abanico de posibilidades que podrían alejarlo de la especialización empresarial. Es muy probable que toda organización contenga interacciones y estructuras pero no todas realizan procesos de selección ni manejan indicadores de desempeño para evaluar a sus miembros.

Como se ve, finalmente es un asunto de especialización pues un antropólogo empresarial puede ayudarte a que tu negocio genere mayor rentabilidad al implementar nuevas estrategias de venta, mientras que un antropólogo organizacional hará que tu organización funcione óptimamente modificando su estructura organizacional previo diagnóstico.

Entonces, ¿qué es la antropología organizacional? ¿Qué estudia?

Dado que la antropología organizacional es una extrapolación de la antropología social, sus objetivos son, en cierta forma, los mismos. De igual modo en que la antropología social se interesa por los principios fundamentales de los sistemas sociales, la antropología organizacional se interesa por los principios fundamentales de los sistemas organizacionales. De este modo, al antropólogo organizacional le interesan todos aquellos elementos que pueden ser comunes a toda organización, de modo que su expertise radicará en abrirse paso a través de varias de ellas para descubrir su mecanismo interior. De este modo, antropólogo organizacional es aquel que se interesa por conceptos tales como interacciones, redes, roles, normas, reglas, funciones, estructuras, jerarquías, sistemas, códigos, lenguajes, simbolismo, ideologías, identidad, filosofías, estrategias, formas de comunicación, hábitos, rituales, ceremonias, valores, patrones de comportamiento, principios subyacentes, entre varios otros. Asimismo, el antropólogo organizacional puede estudiar procesos y entidades más complejos tales como cultura organizacional (aquello que lo engloba todo, antropológicamente hablando), diseño organizacional, aprendizaje organizacional, liderazgo, compromiso organizativo, identidad corporativa, formas de socialización organizacional, estrategias de retroalimentación, emergencia de estructuras organizacionales, aparición de grupos y subgrupos, conformación de culturas, subculturas y contraculturas, clima institucional, ethos grupal, modelos de gestión, cambio cultural, surgimiento y resolución de conflictos, relaciones interorganizacionales, entre varios otros.

Por ello, el antropólogo organizacional es capaz de estudiar todo tipo de organización humana tales como pandillas, empresas, corporaciones, iglesias, sectas religiosas, escuelas, universidades, academias, centros de investigación, partidos políticos, asociaciones civiles, instituciones gubernamentales, grupos militares, hospitales, cooperativas, organizaciones económicas, organizaciones no gubernamentales, asociaciones profesionales, equipos deportivos, bandas musicales, etc. Por todo esto, el antropólogo organizacional no solo deberá ser ducho en teoría organizacional sino también en teoría antropológica, sociología, ciencia política, psicología social, conductismo, ciencia cognitiva, sistemas complejos y hasta quizás etología, primatología y neurociencia.

Y ya que buscamos definiciones, ¿qué es la antropología organizacional? Pues bien, diría que es el estudio de los sistemas organizacionales por intermedio de su cultura –aunque también podríamos decir, con menos fanfarria teórica, que es el estudio de las organizaciones mediante su cultura. ¿Cómo así? Fácil; los dos objetos más fundamentales de la antropología son, uno, el ser humano y, dos, su cultura. ¿Es posible desintegrarlos? Diría que no. No, al menos, para la antropología. Especialidades tan “desculturadas” a primera vista, como las antropologías biológica, evolutiva, genética o molecular, no ignoran el factor cultural sino que, más bien, es central para sus análisis. Justamente aquello que evita que la antropología biológica, por ejemplo, se convierta en biología humana, es la suprema consideración de la cultura como factor influyente. Ergo, la antropología no puede ni debe olvidarla. De este modo, así como la antropología estudia al ser humano mediante su cultura, la antropología organizacional estudia las organizaciones mediante su cultura. Y aquí, cuando digo “cultura”, no hablo simplemente de códigos, principios o valores (que es como a muchos administradores o psicólogos les gusta considerarla) sino que me refiero a lo que Don Hellriegel y John W. Slocum Jr. (2009) definieron como el alma de una organización, es decir, aquello que la hace ser lo que es. Ni más ni menos.

Dado que el antropólogo organizacional se interesa por los principios fundamentales de los sistemas organizacionales, es asimismo un comparativista nato ya que solo mediante la comparación se pueden elaborar aquellas inferencias que permitan obtener conclusiones. Al antropólogo organizacional le interesará, por ejemplo, qué de semejante tiene una manada de chimpancés con una organización vertical, qué elementos comunes pueden existir entre una comunidad nativa amazónica y una corporación multinacional, o qué características comparten una secta religiosa y una institución militar. Quizás por esta razón es muy probable que el antropólogo organizacional sea el único interesado en crear teoría pues muchos antropólogos empresariales o corporativos la pasan bien de consultores (son realmente pocos los que aspiran a producir conocimiento). Desde este punto de vista, mientras el antropólogo empresarial/industrial/corporativo es más un gestor, el antropólogo organizacional es más un teórico aplicado.

Finalmente, y esto es algo importante, la antropología organizacional fue probablemente la primera especialidad en demostrar que una antropología de la modernidad era posible pues fue la que estudió sociedades contemporáneas (en el proyecto Hawthorne de Elton Mayo) mucho antes de que la muy noventera antropología de la contemporaneidad (de gente como Marc Augé o Michel-Rolph Trouillot) arribara a la academia. La diferencia está en que ha sido esta última la que nos invitó abiertamente a reconfigurar los objetos de la disciplina. Sin embargo, el reconocimiento de que una antropología científica de lo occidental era posible mediante la admisión de que la alteridad no siempre está del otro lado del mundo, fue un hecho que la antropología organizacional clásica sabía de antemano.

¿Cuál es, entonces, el fin de la antropología organizacional? Diría yo que es determinar si un grupo humano conforma una organización. El concepto de organización, desde esta perspectiva, no es nuestro marco teórico sino nuestro objetivo principal. Toda organización es un grupo humano pero no todo grupo humano es una organización.

Bibliografía.
Baba, M. (1989). Organizational culture: revisiting the small-society metaphor. Anthropology of Work Review, 10(3), 7-10.
Bate, S. (1997). Whatever happened to organizational anthropology? A review of the field of organizational ethnography and anthropological studies. Human relations, 53(9), 1147-1175.
Benedict, R. (1971). El hombre y la cultura. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
Caulkins, D., y Jordan, A. (Eds.) (2013). A Companion to Organizational Anthropology. US: Wiley-Blackwell.
Hamada, T. (1999). Practicing anthropology in business organizations. Practicing anthropology, 21(4), 2-4.
Hellriegel, D., y Slocum, J. (2009). Comportamiento organizacional. México: Cengage Learning.
Krause-Jensen, J., y Wright, S. (2015). Organizational culture, anthropology of. International encyclopedia of the social & behavioral sciences, 17, 346-351.
Morey, N., y Morey, R. (1994). Organizational culture: the management approach. En: A. Jordan (Ed.). Practicing Anthropology in Corporate America: Consulting on Organizational Culture (p.17-26). US: American Anthropological Association.
Richardson, F. (1955). Anthropology and human relations in business and industry. Yearbook of Anthropology, 397-419.
Roca, J. (2001). ¿Antropólogos en la empresa? A propósito de la (mal) llamada cultura de empresa. Etnográfica, 5(1), 69-99.

Notas.
*Antropólogos como Gregory Bateson o Russell Bernard, por ejemplo, estudiaron el comportamiento de sociedades animales. Asimismo, la primatología (ciencia que estudia a los primates, incluyendo su comportamiento colectivo) es una disciplina próxima a la antropología. La premisa básica que sustenta esta inicial indistinción es que todas las organizaciones ostentan principios semejantes: interacciones, estructuras, roles, normas, jerarquías, etc.

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