¿Son ‘científicas’ las ‘ciencias sociales’?

Es relativamente sencillo encontrar en redes (porque los académicos serios ya superaron este trauma) diversos artículos en blogs o comentarios en Facebook en los cuales se afirma ligeramente que las ciencias sociales no son científicas. Algunas de las razones esbozadas son las siguientes:

  1. No usan estadística.
  2. No construyen leyes.
  3. No construyen teoría.
  4. No predicen fenómenos.
  5. Son subjetivas, no objetivas.

¿Qué tan acertado es todo esto? Personalmente diría que tiene mucho de cierto pero, al mismo tiempo, mucho de incierto. Veamos más detenidamente este asunto.

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En primera instancia, cuando alguien dice ‘las ciencias sociales no son ciencias’ está apelando al problema de la demarcación; sí, ese tema de la filosofía de la ciencia que, mediante referencia a conceptos como los de ciencia, no-ciencia o pseudociencia, consiste en la determinación de criterios bajo los cuales una proposición se vuelve científica. Sin embargo, más allá de los conceptos, hay algo que muchas veces los opinólogos no detectan. Lo que hay dentro de toda discusión sobre la demarcación es… una comparación. Sí, cuando alguien dice ‘la antropología no es una ciencia’ o ‘la sociología no es científica’ es porque está comparando una ciencia con otra. Desde la lógica más simple sabemos que para realizar una inferencia y obtener una conclusión, necesitamos de dos o más premisas. Pues bien, la inferencia, en este caso, es resultado de una comparación. Una comparación que, a mi decir, es injusta y equivocada porque compara disciplinas tan diversas entre sí, sin ni siquiera reflexionar en lo que se está comparando ni en cómo se ejecuta dicha comparación. Dado que muchos de los ‘debates’ de Facebook no suelen continuar tanto como para que los emisores justifiquen sus categorías, trataré de hacer un ejercicio cognitivo para averiguar a qué hacen referencia cuando dicen lo que dicen.

Sucede que cuando alguien afirma ‘las ciencias sociales no son científicas’ está tomando en consideración otra disciplina que sí es científica y que, además, le sirve de modelo hacia el cual las ciencias sociales han de compararse. Ahora, ¿qué disciplina es esa que sirve de base para la comparación? Comúnmente, la disciplina base es la física, la matemática o incluso el conductismo –el cual sería algo así como la psicología ‘más científica’. Dejemos a un lado el problema de la cientificidad de tales disciplinas porque a lo que quiero ir es al razonamiento básico, a ese ejercicio inferencial que produce que mucha gente diga gratuitamente que las ‘ciencias sociales no son científicas’. Y para indagar en esta fórmula, realizaré, primero, un par de preguntas. Aclaro, ahora, que el sentido de estas no es confundir al emisor con juegos derrideanos llevando su argumento al extremo sino simplemente pedir la información suficiente para llevar el diálogo a buen puerto. Como Uds. sabrán, aquel que renuncia a explicar sus términos, no merece respuesta ni crédito alguno.

Primera pregunta: ¿de qué hablan cuando dicen ‘ciencias sociales’?

El término ‘ciencias sociales’ generalmente alude a disciplinas como antropología, sociología, arqueología o historia. Son justamente estas disciplinas las que pertenecen a las facultades de ciencias sociales de la mayoría de universidades. A este respecto, es probable (digo ‘probable’ porque nadie quiere aclarar este punto) que los opinólogos se refieran a esas mismas disciplinas cuando dicen que no son ‘científicas’. Sin embargo, dado que las ciencias sociales son un complejo de disciplinas muy diversas, cabe precisar a cuáles se están refiriendo cuando argumentan lo señalado pues, de hecho, existen disciplinas de las cuales nadie dudaría de su cientificidad.

Ciencias como la sociología analítica, la sociología económica, la sociología matemática, la neuroantropología, la economía, ciertas variantes en historia, la antropología biológica, la antropología evolutiva, la antropología molecular, la antropología genética, la genética poblacional, gran parte de la teoría urbana, la lingüística, la social complexity science, la teoría de sistemas, el análisis de redes sociales, la cibernética social, sectores de la ciencia cognitiva o la teoría organizacional se caracterizan por emplear fuertes dosis de simulación social, modelización basada en agentes, sistemas multiagentes, análisis de redes, matemática cualitativa, estadística descriptiva e inferencial, modelos bayesianos, análisis multivariados, inteligencia artificial y hasta programación (en fuerte vinculación con la informática y la ingeniería de software). Nadie consciente podría, pues, dudar de su clara y sólida cientificidad.

Sin embargo, ocurre que cuando los opinólogos dicen ‘las ciencias sociales no son científicas’ solo toman en cuenta una porción muy radical y asimismo cuestionable de las ciencias sociales (enfoques como la llamada ‘teoría’ de género, el postestructuralismo, el posmodernismo, el estructuralismo francés, el poscolonialismo, la decolonialidad, la deconstrucción, el lacanismo, el posmarxismo, la antropología interpretativa, la sociología fenomenológica, los estudios culturales norteamericanos, el perspectivismo antropológico, el constructivismo sociológico, etc.), generalizando así su apreciación. Efectivamente, los paradigmas previamente mencionados se caracterizan por toda una serie de vacíos que, con toda justicia, nos hacen dudar mucho sobre su cientificidad. Fueron a tales corrientes a las que se refirieron críticos como Jon Elster, Carlos Reynoso y Jaime Osorio como causantes del ‘oscurantismo’, la ‘literaturización’ y el ‘irracionalismo epistemológico’ de las ciencias sociales contemporáneas. Personalmente, no puedo estar más de acuerdo con estas lecturas, de modo que si algún opinólogo hubiera dicho ‘algunos sectores o enfoques de las ciencias sociales no son científicos’ hubiéramos todos estado de acuerdo. Sin embargo, estos enfoques, bajo ningún motivo, representan la totalidad de las ciencias sociales.

Segunda pregunta: ¿a qué se refieren con ‘ciencia’ o ‘científico’?

Usualmente, cuando los críticos de Facebook (y alguno que otro libro) comparan las ciencias sociales con otras ciencias naturales o básicas, lo hacen para argumentar que aquellas no son tan científicas como estas. Estas disciplinas base, que muchos emplean para desacreditar las a las ciencias sociales, son generalmente tres:

Física, preferentemente, física teórica. Durante décadas y por influencia del empirismo lógico, la física teórica ha servido como modelo de ciencia ideal para la epistemología de antaño menos reflexiva. Y aunque ha alentado grandiosas discusiones, llegado el momento la física teórica se queda simplemente corta. Puede que considerar la física teórica como disciplina base fuera, a inicios del siglo XX y en razón del llamado fisicalismo, un ejercicio razonable. Sin embargo, hoy por hoy, cualquier pretensión epistemológica debe, con suma humildad, abandonar la física teórica como modelo de ciencia ideal. Ocurre que actualmente cierta física teórica (en particular, aquella astrofísica que habla de multiversos, universos paralelos, teorías de cuerdas y demás logicismos que inspiraron la película Interstellar), según una advertencia de físicos y matemáticos publicada en Nature, no solo está incursionando en terrenos que van más allá de toda lógica científica, incluso poniendo en juego su misma cientificidad. Justamente uno de los criterios que más está siendo menospreciado es el criterio empírico, en favor del criterio formal. Dicho de otro modo, a cierta astrofísica contemporánea le interesa más ‘matematizar’ sus pretensiones, en vez de comprobarlas empíricamente, es decir, en vez de demostrar que aquello sobre lo que teoriza existe en la realidad. Muy paradójicamente, algunos sectores de las ciencias sociales contemporáneas realizan el ejercicio contrario: más data empírica y menos teoría, menos formalización. Física teórica y ciencias sociales parecen ir actualmente en direcciones opuestas. En base a esto, pregunto, ¿cómo se podría comparar una cosa con la otra sin mediar en los términos de dicha comparación? Utilizar la física teórica como modelo de ciencia debería, al menos, generar fuertes reflexiones acerca de lo que se está comparando y, -¿por qué no?- acerca del método científico.

Matemática. Con la matemática (o las matemáticas) ocurre algo muy semejante de lo que ocurre con la física teórica, sin embargo, sus resultados son aun más dramáticos. Por un lado, las ciencias sociales pertenecen al dominio de la ciencia empírica o fáctica, es decir, que estudian objetos que existen en la realidad y de forma independiente de nuestra consciencia. Las ciencias sociales estudian hechos concretos, acciones sociales y comportamientos que, más allá de ser cuantificables, existen. Por el contrario, la matemática puede seguir existiendo a base de teoremas sin necesidad de evidencia empírica, y simplemente porque no es una ciencia empírica o fáctica, sino una ‘ciencia’ formal o exacta. ¿Realmente se puede comparar las ciencias sociales con las matemáticas así por así? Desde luego que no. Comparar una disciplina formal con una ciencia social no solo debe hacerse mediante referencia a su único recurso técnico -la formalización lógica- sino también en base a otro criterios, sin embargo, ¿en qué momentos habla, la matemática, de evidencia empírica? A menos que se trate de matemática aplicada o de un sociólogo matemático a lo James Coleman, la matemática no podrá ser comparada con las ciencias sociales porque se trata de dos dominios ampliamente diferentes. Pedirle ‘formalización’ (leyes) a las ciencias sociales desde un punto de vista matemático, es tan tonto como pedirle ‘empirismo’ a la matemática desde la perspectiva de las ciencias sociales. Si este último ejercicio nadie se lo plantea por inaudito, ¿por qué se presume que el ejercicio inverso sí es posible?

Conductismo. Aunque conductismo y ciencias sociales formen parte de las ciencias empíricas o fácticas, una afirmación apresurada podría hacernos caer en equívocos. Más allá de cualquier extrapolación, el conductismo estudia el comportamiento individual, mientras que las ciencias sociales estudian, en mayor medida, el comportamiento social. ¿Existirán diferencias, entonces, entre una ciencia mayormente individualista y otra mayormente sociologista? La teoría social clásica de finales del siglo XIX e inicios de XX, nos indica que una cosa son los individuos y otra cosa es el grupo social. Teóricos clásicos, como Émile Durkheim en Las reglas del método sociológico, insistían en que las leyes del comportamiento individual jamás podrían explicar las leyes del comportamiento social. De aquí que esbozara su tajante distinción entre psicología y sociología, y razón por la cual en el mundo académico sociológico está mal visto explicar fenómenos sociales desde un punto de vista psicológico. La frase durkheimiana “la función de un hecho social no puede ser más que social” explica bien esta radical diferenciación. Preguntamos, entonces, ¿es justo comparar una ciencia individual con una ciencia social? Desde luego que no. Que una estudie el individuo y otra, la sociedad (o las organizaciones sociales), establece un grado importante de diferenciación por la sencilla razón de que son diferencias de objeto. Y creo que cualquier estudiante de primer año sabe que una disciplina se diferencia de otra por su objeto, ya que los métodos a emplear por tales disciplinas, incluso siendo los mismos, funcionarán de diferente manera gracias a que estudian objetos diferentes. Entre conductismo y ciencias sociales (antropología, sociología, economía, historia o arqueología) hay diferencias abismales. ¿Se justifica, entonces, una comparación?

Una vez exploradas las posibles disciplinas base para develar lo problemático de su irreflexiva y poco inteligente comparación, pasemos ahora a aquellas características que las ciencias sociales, se dice, no ostentan. ¿Son científicas las ciencias sociales? ¿Emplean estadística? ¿Construyen leyes? ¿Construyen teorías? ¿Predicen fenómenos? ¿Son objetivas?

El uso de estadística.

Cualquier breve revisión a ciencias como la sociología económica, la sociología analítica, la antropología cuantitativa, la sociología matemática, la historia económica, la economía o la teoría urbana podría rápidamente solucionar la creencia cuasireligiosa de que en las ciencias sociales no hay lugar para la estadística. Dicho sea de paso, el empleo de estadística no es, bajo ningún criterio, requisito indispensable para la cientificidad de una proposición investigativa (a menos que su objeto lo requiera), ya que la llamada ‘metodología cuantitativa’ ha demostrado ser imperfecta –especialmente en antropología.

Las sobrevaloradas leyes científicas.

“En la ciencia, cuando la conducta humana calza en la ecuación, las cosas se tornan no lineales. Es por eso que la física es fácil y la sociología es difícil.”
Neil deGrasse Tyson, Twitter.

Una definición simple de ‘ley científica’ da cuenta de una proposición formal que establece relaciones significativas entre variables. A este respecto, quizás la ley más conocida sea la llamada Ley de la demanda en economía. Y si, tras haber leído la oración previa, no te has dado cuenta aun del error que es afirmar que las ciencias sociales no postulan leyes, es porque probablemente seas más ciego que un topo. Y sí, ocurre que hay gente tan pero tan extraña que sostiene que las ciencias sociales no son científicas porque no postulan leyes a pesar de estar sometidos a las leyes de mercado, establecidas por la economía, una ciencia social. Sin embargo, aunque el argumento ya ha sido rebatido, quisiera introducir una breve reflexión: la sobrevaloración académica de las leyes científicas. Sin ánimo de establecer un argumento cancelatorio ni mucho menos, considero que, en determinados terrenos de las ciencias sociales (e incluso de la ciencia en general), las leyes son simplemente un recurso sobrevalorado. El ejemplo más próximo adviene justamente de la disciplina a la que acabo de hacer mención. Aunque esta ciencia tenga en su haber todo un repertorio de leyes, son justamente estas las que reciben todas las críticas, sin embargo, ¿esto vuelve no-científica a la economía? Por otro lado, el ejemplo quizás más trascendental sobre la sobrevalorización de las leyes científicas, es que existe una ley de la gravedad pero no existe una explicación sobre la gravedad, es decir, no hay una teoría sobre la gravedad (solo hay hipótesis). ¿Significa esto que la física no es científica?

Teoría o explicación sobre el funcionamiento de algo.

“Porque no suscriba uno la irreflexiva teoría de que la sociología debe en todos los respectos ajustarse a la línea señalada por la química, la física o la biología, no necesita suscribir la teoría contraria de que debe emular a la historia, a la filosofía discursiva o a la literatura. Cada uno a su tarea, y la tarea del sociólogo es presentar con lucidez el derecho a proposiciones lógicamente interconectadas y empíricamente confirmadas acerca de la conducta del hombre en sus relaciones con otros hombres y de las consecuencias sociales de esa conducta.” (1964: 24)
Robert K. Merton, Teoría y estructura sociales

Una teoría es esencialmente una explicación sobre el funcionamiento de un fenómeno, tomando en cuenta sus orígenes y mecanismos. De acorde con este precepto se cree que si una ciencia no tiene teorías entonces ‘no es científica’. Sin embargo, esta apreciación pasa por alto una serie de cuestiones, empezando por el hecho de que en ninguna parte se afirma que una disciplina sin teorías sea una disciplina no-científica. Ocurre que la incidencia de la creación de teorías en una disciplina (llamémosle, la teoricidad) depende, más bien, de un objeto determinado y no del conjunto de la disciplina. La falta de teoricidad de determinado problema responde, en mayor cuantía, a la complejidad intrínseca de ese fenómeno antes que a la capacidad de los científicos o la cientificidad de la disciplina. Nuevamente, nadie dudaría de la cientificidad de la física pero ¿alguien se atrevería a decir que esta no es científica solo porque no existe una teoría probada sobre la gravedad? ¿De cuándo a acá no poder teorizar sobre un objeto específico vuelve no-científica a toda una disciplina? En ciencias sociales, existen muchísimas explicaciones sobre diversos fenómenos, sin embargo, no existen muchas teorías propiamente dichas. Muchas de las propuestas sociológicas o antropológicas no reciben nombres teóricos específicos (como ocurre en ciencias naturales o básicas) sino simplemente reciben los subtítulos de ‘teoría sociológica’, ‘teoría antropológica’ o “teoría arqueológica“. Una de las razones de dicha resistencia refiere a que el científico social simplemente no está interesado en crear teorías científicas como su contraparte natural. Le interesan mucho las explicaciones, sí, y mientras más refinadas mejor, pero pocos están realmente formados en epistemología como para proponer una teoría propiamente dicha ‘con todas las de la ley’. Muchas de estas explicaciones apelan a contextos de emergencia, condiciones de acción, modelamiento computacional de patrones, asuntos de escala, estrategias comparativas, estadística inferencial, análisis de datos, entre otros valiosos recursos, pero nadie quiere llamarle a ello ‘teoría de tal’. En ciencias sociales se cree que una teoría debe ser perfecta o, al menos, universal, y aunque esta creencia no sea del todo correcta, existe cierta reticencia al respecto. Fue un prestigioso sociólogo como Robert K. Merton quien por los años 80’s problematizó este asunto acuñando el término ‘teorías de alcance intermedio’ para referirse a todas aquellas teorías sociológicas que no son ‘universales’ pero sí científicas. En todo caso, la postulación de una teoría radica, más bien, en los resultados obtenidos tras estudiar profundamente un tema específico. De lo que sí podemos estar seguros es que la teoricidad no es una condición para la cientificidad de una investigación ni de una disciplina, tal como lo es, por ejemplo, el delineamiento del problema o la contrastación de una hipótesis. Saber si tales refinadas explicaciones son propiamente teorías tomaría buen tiempo, tanto para establecerlo como para negarlo. No demostraré yo aquí si tales explicaciones son teorías simplemente porque no lo estoy afirmando. Pero quien niegue que tales explicaciones no sean teóricas, deberá justificar por qué.

La lujosa predicción.

Dícese de la predicción como aquella capacidad resultante de un modelo o una teoría para prever una consecuencia en mención a un previo estado de cosas. Y aunque gente como Émile Durkheim o Max Weber hayan propuesto, a finales del siglo XIX e inicios del XX, que las ciencias sociales deben partir tomando en cuenta la llamada ‘explicación causal’, se cree que la predicción en ciencias sociales es un recurso inexistente, razón por la cual estas no serían científicas. Sin embargo, a despecho de la creencia, la predicción no es más que una característica de la actividad científica resultante. En el estudio de sistemas caóticos, por ejemplo (como lo es el clima), la predicción es todo un lujo pero ¿esto vuelve no-científicas a la teoría del caos o a la meteorología? Creo que ningún matemático se atrevería a sostener algo así. Mucha excelente etología, zoología y primatología sobrevive a base de descripciones sistemáticas, estudios de caso o estudios longitudinales y aunque sus predicciones sean nulas, esto no las convierte en disciplinas no-científicas. Si hay disciplinas más predictivas que otras, no es porque sean ‘más científicas’ sino porque estudian objetos más pequeños y fáciles en contextos mucho más controlados –por ejemplo: el conductismo. En ciencias sociales, la predicción es un hecho que se discute incluso desde la primera mitad del siglo XX y que, hoy por hoy, gracias a la modelización computacional, parece haberse reactivado con fuerza. No obstante, dado que hablamos de ciencias sociales, no es lo mismo ni igual de problemático predecir la explosión demográfica de una ciudad, el flujo del tránsito vehicular, la estabilidad de la moneda, la emergencia de un movimiento social, la caída de un imperio o el crecimiento de una organización a que predecir si mi perro babeará cuando abra la bolsa de croquetas o si el ‘sujeto 1’ usará mañana una camisa roja cuando este solo tiene una camisa blanca y una camisa roja. Por otro lado, existen disciplinas científicas que nunca llegarán a predecir nada porque su objeto no es capaz de emitir acción alguna (la lingüística o la gramática) y no por esto dejan de ser científicas. La predicción, por último, ni siquiera forma parte del método científico como para que de pronto algunos epistemólogos de Facebook la utilicen como sinónimo de cientificidad. A lo mucho, será un resultado favorable y dependiente del control metodológico pues mientras más controlado el ambiente y más pequeño el abanico de resultados, indubitablemente, más fácil será la predicción. La predictibilidad de una proposición no depende únicamente del desarrollo de la disciplina ni de la habilidad del investigador sino también de la simplicidad del objeto estudiado. Lo que hacen algunas personas, mediante un terrible desconocimiento, es caracterizar a las demás disciplinas, tomando como referencia los muy particulares y específicos logros de su propia disciplina, y encima creerse mejores que los demás sin admitir mayor discusión. Tal y como si un conductista criticase a un antropólogo por no ser muy… conductista. ¿Acaso no hay lecciones sobre argumentación en la universidad?

¿Subjetividad o subjetivismo?

“La subjetividad puede tener cabida en la ciencia, pero no el subjetivismo.” (1999: 224)
Mario Bunge, Buscar la filosofía en las ciencias sociales

Decir que las ciencias sociales son subjetivas equivale a decir que no son objetivas, es decir, que no son exactas pues son, más bien, antojadizas, intuitivas y alucinadas. A despecho de las corrientes previamente mencionadas donde ni por asomo convive una pizca de subjetivismo, considero pertinente repensar a qué se refiere este asunto de la subjetividad en las ciencias sociales. Aclaro que, dado que los críticos de Facebook no explican bien sus directrices, me veré obligado a especular en este punto, esperando llegar a buen puerto. El epígrafe de este párrafo señala que en investigación científica mientras la subjetividad está permitida, el subjetivismo está prohibido. Sin embargo, ¿es tan mala la subjetividad (o incluso el subjetivismo) en las ciencias sociales? Aquí cabe reconocer que las ciencias sociales, más allá de ser ciencias, son también discursos sobre nosotros mismos. Las ciencias sociales son uno de los pocos campos de conocimiento que estudia a quienes lo producen: el ser humano. Entonces, ¿son subjetivas las ciencias sociales? ¡Por supuesto! Y no solo porque estudian al ser humano -un ente altamente subjetivo- sino también porque tiene como objetos de estudio temáticas asimismo subjetivas. Los chismes, los piropos, la envidia, las creencias, las ideologías, el bienestar, la felicidad, las emociones, la medicina tradicional o las religiones son temas estudiados por las ciencias sociales. Dado que su desarrollo involucra al científico, decir lo que determinado tópico nos genera no es tan descabellado. Desde luego, esto no significa que todas las explicaciones sociológicas o antropológicas remitan únicamente a percepciones individuales asumidas como verdad única y final. Las ciencias sociales consideran las percepciones pero la investigación social jamás debería reducirse a ello. El proceso de investigación en ciencias sociales se puede comprender mediante dos ejes: (i) la objetivación de lo subjetivo, ya que comprende científicamente actos subjetivos, y, (ii) la subjetivación de lo objetivo, ya que también comprende científicamente cómo actos supuestamente objetivos son, en sí, subjetivos. Por ejemplo, si los habitantes de un pequeño pueblo afirman haber visto la imagen de la virgen María en un muro de una Iglesia, un antropólogo podría argumentar -objetivando lo subjetivo- que tal creencia es resultado de una estricta formación religiosa que ha posibilitado que dichos habitantes ‘vean’ un símbolo religioso ahí donde solo hay una mancha ocasionada por el sol; sin embargo, dado que la antropología no es psicología, el antropólogo también estudiará -subjetivando lo objetivo- cómo surgen todo un conjunto de interpretaciones, organizaciones, prácticas, acciones y conductas que son ‘objetivos’ para sus habitantes porque muestran efectos palpables en su comportamiento. Moverse entre estos dos planos es, de entrada, complicado.

Finalmente.

“Es de todo punto erróneo conjeturar que la objetividad de la ciencia depende de la objetividad del científico. Y es del todo erróneo creer que el científico de la naturaleza es más objetivo que el científico social. El científico de la naturaleza es tan partidista como el resto de los hombres y, por regla general, es […] en extremo unilateral y partidista en lo concerniente a sus propias ideas.” (2008: 24)
Karl Popper, La lógica de las ciencias sociales

Mayoritariamente, la actitud investigativa de la gran mayoría de científicos sociales sigue a pie juntillas (y hasta con un exagerado empirismo) el método científico. Que ninguno de ellos haya acuñado la ley más importante, la más grande teoría o que no hayan ganado el Nobel, no significa que no sean científicos. Curiosamente, cuando se trata de medir la cientificidad de otras ciencias todos se vuelven permisivos, pero si de ciencias sociales se trata, emergen los Alfreds Ayers y los Marios Bunges. Sin embargo, muchas veces sospecho que quienes argumentan de esa forma tan ligera sobre las ciencias sociales no tienen idea de nada; ni de qué son las ciencias sociales ni de cómo argumentar con solvencia. Y lo más curioso, es que este tipo de argumentos blandengues e irreflexivos, repetitivos y cíclicos, advienen de gente que se autocalifica como perteneciente a la ciencia ‘dura’. Habrase visto.

Aclaro aquí que no estoy en contra de reconocer el desarrollo de determinadas ciencias. De lo que estoy en contra es que este tipo de discusiones propongan resultados tan simples, con razonamientos tan reducidos y mediante una especie de ‘guerrita’ entre ciencias que me hace recordar aquellas querellas colegiales por quien tenía el mejor cuaderno o las mejores zapatillas, y que debieron haberse quedado en el pasado. Si muchas de estas reflexiones no pondrán los puntos sobre las íes, de nada sirve siquiera participar de la misma.

Como se observa, la frase ‘las ciencias sociales no son científicas’ esconde un mar de vacíos, incoherencias e ignorancias respecto ciertos temas básicos, sin embargo, personalmente, no condeno la ignorancia. No es pecado mortal no saber o estar desinformado. Lo que sí encarna una insoportable impostura que debería ser contrarrestada con el develamiento de la ridiculez ajena, es la infantil insistencia en sostener algo que, a todas luces, es erróneo. Como diría Einstein, ‘si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido’; pues bien, solo una comparación estúpida entre disciplinas radicalmente distintas, podría generar una creencia tan estúpida como la aquí desbaratada.

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